Iliana va a Cartagena durante Semana Santa. Ella está en la ciudad sin el permiso de su papá y con la complicidad de sus amigas. En la ciudad conoce a Martín, quien también es de Cali. En esa semana se enamoran. Quedan de verse el sábado para pasar la última noche juntos, pero unos hombres que trabajan para el padre de Iliana llegan a Cartagena y se la llevan a la fuerza a Cali.

Ella es una joven de diecinueve años, muy buena estudiante y preocupada por ayudar a la gente, pero su padre la mantiene encerrada la mayor parte del tiempo. Su madre murió cuando Iliana estaba muy pequeña. Arturo, su padre, es un hombre de negocios importante en la ciudad de Cali. La mayor parte de las licitaciones para las construcciones de obras públicas van para su compañía.

En un evento de la firma de constructores de Arturo, ella se encuentra de nuevo con Martín. Resulta que él hace parte de la compañía de su padre desde hace poco. Iliana no se resiste y lo besa en pleno evento. Su padre se enfurece, despide al hombre y a ella se la lleva a vivir en una finca del Km 18.

Iliana vive muy infeliz en esa finca. Es un lugar abandonado que no ha sido productivo en años. Además, todos los empleados la vigilan para que no se escape. Eventualmente, Peter, un niño que es hijo de la cocinera de la finca, se hace amigo de ella. Él, al ver la tristeza de su amiga, le promete que va a contactar a Martín.

Martín trabaja en la formación de una nueva compañía constructora con unos amigos y jóvenes emprendedores. Sin embargo, se le dificulta conseguir buenos negocios, pues la competencia con la compañía de Arturo Rivas es brutal. El niño de la finca lo contacta y le cuenta las condiciones en que está Iliana. Él le dice que le diga a ella que muy pronto van a estar juntos. Martín intenta sacarla de la finca, pero uno de los empleados, Joaquín , el más fiel, se da cuenta y los atrapan. Al hombre lo denuncian por secuestro y se lo llevan preso. Arturo utiliza sus influencias para encarcelarlo unos años.

Pasan 5 años, en la que los dos amantes sólo se comunican de vez en cuando, por cartas que Peter logra llevar desde la finca a la prisión. En este tiempo, Iliana se apropia de los asuntos de la finca y la pone a producir. Martín sobrevive en la prisión; afortunadamente sus amigos, de la firma, no lo olvidan y lo incluyen en las discusiones sobre la compañía de constructores, cuando lo visitan. Arturo cada vez se desentiende más de su compañía y la misma empieza a diezmarse por el mal manejo de los diversos ejecutivos y gerentes. A él no le importa, su única preocupación es mantener a Iliana vigilada.

Al salir Martín de la cárcel, su firma comienza a ganar más licitaciones que la de Arturo Rivas, por su orden, visión y creatividad. Arturo se entera de que ya salió de la cárcel, por las noticias que le llegan sobre las licitaciones. Decide que hay que matarlo y le da la orden a Joaquín. Peter escucha esto y advierte a Iliana. Joaquín secuestra a Martín a la salida de su casa y se lo lleva a un lugar cerca de la finca, donde pueda matarlo y enterrarlo. Iliana sale a caballo, el único transporte disponible y cabalga por el Km 18 en búsqueda de Martín. Joaquín en el momento de asesinarlo, se pone muy nervioso y cierra los ojos al dispararle. Sale muy rápido de ahí en el carro, sin asegurarse que este muerto. Iliana escucha el disparo y el arranque de un carro, va hacia ese lugar. Encuentra a Martín con una herida en el hombro y se lo lleva a caballo hasta un hospital cercano.

Después de dejarlo estable, Iliana regresa en la madrugada para confrontar a su padre. Arturo la recrimina por su insolencia y ordena a los empleados que la encierren en un cuarto y no la dejen salir; pero ellos no le hacen caso. Le han tomado mucho cariño a ella y aprecian la manera en que ha revitalizado la finca. Iliana le muestra como lo ha perdido todo, la finca, su compañía constructora, todo por una obsesión. El hombre grita y vocifera mientras camina entre la neblina, le pide perdón a su esposa, Beatriz y reniega de la vida, mientras se desploma y muere.

Al otro día, Martín e Iliana están en el entierro del padre, él con su brazo en un cabestrillo. Dejan una flor sobre la tumba de ese hombre que los hizo sufrir tanto. Pasan el resto del día caminando por la finca, juntos por primera vez; en la noche bajo la misma ruana la tristeza se convierte en risa y planes para el futuro; en la madruga se besan y hacen el amor. Es un nuevo día.